El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio ganó hoy en la apertura 34,97 puntos, un 0,24 por ciento, y se situó en 14.551,24 enteros. El segundo indicador, el Topix, que agrupa a los valores de la primera sección, avanzó 2,78 puntos, un 0,23 por ciento, y se situó en 1.176,15 unidades.

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Cuando Manuel Méndez del Río Piovich fue director general del Grupo Bbva, uno de los conglomerados financieros más grandes del mundo por activos pensaba, desde el piso 25 de un gran edificio en Madrid (España), que la mejor manera de ayudar a los más pobres era la caridad.

“Nada más equivocado”, afirma ahora como presidente de la Fundación Microfinanzas Bbva. La iniciativa creada en 2007, independiente en gobierno y gestión del banco ibérico, pretende atender al mayor número de personas de los menores ingresos posibles otorgando crédito para fines productivos. Por eso sus utilidades se reinvierten en apoyar a más emprendedores.

Con esa idea han desembolsado en siete años préstamos por más de 6.300 millones de dólares (unos 12,1 billones de pesos, de hoy) a más de 4 millones de microempresarios en América Latina. El 96 por ciento de ellos ha salido de la pobreza, asegura Méndez del Río.

La Fundación tiene como filiales ocho bancos en siete países y se consolida como el grupo microfinanciero más grande de la región en la modalidad de crédito individual (ver mapa). En Colombia tiene su principal operación mediante Bancamía, en asocio con las oenegés Corporación Mundial de la Mujer, tanto de Bogotá como de Medellín.

Méndez del Río, quien desde 1981 hizo una carrera ascendente en la banca internacional, defiende las tesis de que “todas las finanzas no producen desarrollo”, que “no se puede nutrir el apetito de ganancias por cuenta de arruinar a las personas” y que “la regulación debe ser diferenciada para quienes hacen finanzas productivas”.

Sin pelos en la lengua, este banquero español, que prácticamente vive en un avión, habló en exclusiva con El Colombiano en una fugaz visita a Medellín para conocer las tiendas “De Mis Manos”, así como otros programas de apoyo a microempresarios, y reunirse con el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.

¿Cuál es el peso de Bancamía en las operaciones de la Fundación?
“Ahora mismo tenemos una cartera viva con 1,5 millones de clientes, de los cuales 620 mil están en Colombia, la joya de la corona de nuestra operación, junto a Perú y República Dominicana. El margen mediano de nuestros clientes, después de costos, es del 47 por ciento. Tenemos un promedio de cartera morosa de solo el 4 por ciento. Incluso, ese indicador en Bancamía es de los más bajos del sector financiero colombiano”.

¿Cómo logran sostenimiento en un negocio de alto riesgo?
“Buscamos ser acíclicos: no hacemos lo típico de la banca que se va cuando un país entra en crisis, porque es justo cuando más nos necesitan los emprendedores. Para no seguir los ciclos económicos, contamos con un buen nivel de provisiones y tener con qué respaldarnos ante cualquier eventualidad”.

¿Cómo ven la competencia creciente de bancos, cooperativas y otras entidades que incluyen el microcrédito en sus portafolios?
“Hay nuevos actores que aplaudimos, pero hay otros que preferimos que se queden en casa. La gente a la que tratamos es absolutamente vulnerable: el 85 por ciento de nuestros clientes tienen ingresos promedios de 4 dólares diarios (unos 7.800 pesos), y casi la mitad de ellos con educación muy básica, son apenas alfabetos funcionales. En esas circunstancias, cualquier mal manejo del crédito los sobreendeuda, los pasa de un tajo de la pobreza a la indigencia”.

¿A qué se refiere?
“Ante la decisión de comprarse un televisor, a usted o a mí nos interesará, a lo sumo, el color y el tamaño, pero para quienes tienen bajísimos ingresos es una soga al cuello. Hay actores irresponsables que llegan a este mundo de las microfinanzas y no reconocen esas realidades.

¿Por qué irresponsables?
“Acaban dando la ficción monetaria a los pobres de que tienen más ingresos con una tarjeta de crédito que les permite comprar cosas que antes eran inimaginables. Así se están enviando muchas personas a la indigencia, cuando otros nos empeñamos en que vayan en la dirección contraria”.

¿El sobreendeudamiento con microcrédito que se aprecia en Colombia también lo advierte en otros países?
“Claramente, ya lo vemos en Perú, por ejemplo, pues muchos no distinguen una tasa de crédito, no entienden de eso. A eso hay que sumarle malas prácticas de algunos actores que solo están buscando rendimiento en sus operaciones y sacan ganancia de la vulnerabilidad del cliente. La premisa debe ser: el éxito del banco es el éxito del microempresario y viceversa”.

En ese sentido, usted habla de las finanzas productivas, ¿acaso no todas lo son?
“Pueden serlo mucho más para el banco, no tanto para la gente. Las finanzas productivas surgen cuando se apalanca a un emprendedor, de cualquier actividad, y él es capaz de cubrir todos los costos en que incurre y además obtener un beneficio. Volvamos al ejemplo del televisor: si le prestamos mil dólares para comprarlo, inmediatamente es más pobre porque lo debe, al otro día de comprarlo ya no vale lo mismo y además no le genera ingresos, le produce gastos”.

Según eso, se debe desestimular el crédito de consumo.
“No. Lo que digo es que los entes regulatorios también deberían distinguir las finanzas productivas de las que no lo son. No es lo mismo dar una tarjeta de crédito a quien ya tiene otra, que dar la oportunidad de financiación, diga usted, a una modista para que compre una máquina de coser y producir más vestidos. El impacto y el acompañamiento que se debe de hacer no es el mismo, por tanto no debe estar regulado de la misma manera”.

Pero también las mismas altas tasas de microcrédito se convierten en un obstáculo para que más personas accedan a él: ¿qué hacer?
“Esa misma pregunta tenía yo cuando era director general del Grupo Bbva y pensaba que la mejor manera de ayudar a los pobres era regalarles. Nada más equivocado. Nuestros clientes tienen una carga financiera que no supera el 5 por ciento de sus ingresos, al tiempo que sus márgenes de ganancia son altos para cubrir sus deudas. Después de advertirlo, me di cuenta de que la gente pobre no tiene problemas de márgenes ni de acceso, eso ha sido un discurso de los “pobretólogos” para crear un mundo clientelista donde se genera la necesidad de regalar”.

¿Está en contra del asistencialismo?
“No tenemos nada contra esa idea, pero la Fundación no está de acuerdo con esquemas de subsidios y subvenciones”.

¿Cuál es la razón?
“Porque creemos en la dignidad y capacidad de las personas y sabemos que nuestros clientes pueden sembrar futuro con sus medios. Creo que solo hay una manera de salir de la pobreza: propiciando que los más vulnerables tengan una actividad productiva, generen ingresos propios, empleen a los demás y crezcan. De esa forma sí es posible generar riqueza entre los más pobres de Colombia y de toda América Latina”.

No dar el pescado, enseñar 
a pescar…
“Así es. Datos globales del Banco Mundial nos indican que de cada 10 personas que han salido de la pobreza, ocho lo han hecho por un pequeño emprendimiento, por su esfuerzo personal, nunca por el asistencialismo. Las subvenciones tienen que ver más con la caridad, sea pública o privada y quien recibe está contento, pero sigue en la pobreza”.

¿Qué debería hacer el gobierno para fomentar el desarrollo entre los más pobres?
“No hay gobierno que tenga el dinero para que 14 millones que viven en la pobreza en Colombia puedan desarrollar actividades productivas, pero el sector privado sí que lo tiene. El Gobierno debe tender puentes entre la iniciativa privada y actividades productivas de las comunidades pobres. Hay que encontrar caminos para que el dinero privado llegue con unas relaciones adecuadas de riesgo y de rendimiento, nada más”.

¿Cuáles son las barreras para las microfinanzas?
“Hay tres obstáculos: falta de educación financiera, una regulación que favorezca o estimule las finanzas productivas y el sobreendeudamiento”.

¿Qué responsabilidad le cabe a los bancos en la falta de educación financiera?
“Debería ser una obligación para todas las entidades. Así como cuando se compra una licuadora, que viene con instrucciones, un alfabeto funcional, entre muchas más cosas, debe aprender a separar sus cuentas personales y las de la empresa antes de pensar en un crédito. La carencia de educación financiera hace a la gente pobre apelar a sistemas irregulares de crédito como el “gota-gota”, sin ni siquiera antes tocar las puertas del crédito formal”.

¿Por qué dar una regulación diferenciada a las microfinancieras?
“Si se escucha, enseña, y acompaña al emprendedor de bajos ingresos, si de manera sostenida se le hace crecer, esa forma de hacer crédito con banca relacional y finanzas productivas, no puede tener el mismo trato regulatorio y las restricciones de capital y provisiones que aquella otra entidad que simplemente se asoma a la base de la pirámide, fisgonea y da créditos de manera irresponsable”.

Y eso genera más sobreendeudamiento…
“¡Totalmente… Todo aquel que ofrezca financiación a población vulnerable debe anteponer los principios éticos. En una empresa capitalista, sujeta a las leyes del mercado, prima la obtención del beneficio como objetivo y todo lo que sea legal resulta legítimo, siempre para ganar más. Cuando se trabaja con gente vulnerable se exige principios éticos y lo que es legal, no es siempre legítimo”.

¿Qué lecciones le dejaron tantos años en la banca tradicional frente a lo que hace ahora?
“He aprendido la obsesión por los resultados en un mundo tan complejo como el financiero. La mayoría de la gente que trabaja en el mundo de las microfinanzas se conforma con hacer el bien y ayudar. Creo que se debe pensar distinto: si pudimos llegar a 10 personas que requieren financiación, ya se debe pensar en cómo llegar a 20 más”.

Por último, con su peculiar forma de pensar la banca, ¿le reclaman sus colegas?
“Al principio me veían como un bicho raro: “Manuel, ¿pero a qué te dedicas?”, me decían. Pero ahora están orgullosos de que haya una iniciativa como la Fundación y sienten que deben actuar en igual dirección. Tengo clara una cosa: si hay algo que cada vez menos tolera esta sociedad global es una empresa que privilegie el beneficio por el beneficio. La banca, y las empresas en general, tendrán que llegar a entender que si quieren mantenerse en el tiempo, tendrán que hacerse indistinguibles de la sociedad para la que trabajan, y no solo extraer la renta que quieran de ella” .

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